lunes, 24 de marzo de 2014

2a. quincena Septiembre 2011


Crónica 16 plaza LPG: Normas en acrílico e inconsistencias culposas.

Esquizofrenógeno.


“Si, pero no… No, pero si”. En la  jerga psiquiátrica, cuando los mensajes son así en un sistema de vínculos, la confusión y la incertidumbre pueden devenir en dificultades más serias.
“Pero, para que ponen reglas si saben que no se van a cumplir” escucho.  La plaza luce un acrílico con normas de convivencia, en un lugar visible y con una redacción bastante cuidadosa, los viandantes las vamos asimilando como señal de autoridad. La actitud, de aprobación o desaprobación,  se hacen presentes.

Alguien, cual globo de ensayo, Cultura Chacao, de acuerdo al rif del acrílico, haciendo caso omiso del quehacer, tras 16 meses de vida en la plaza, le pareció que sólo los menores de 3 años tienen derecho a correr tras una pelota en la plaza. Sobre esta jurisprudencia o sobre el permiso de uso de bicicletas a menores de 10 años, convendría un diálogo y conocer criterios, tanto del Consejo Municipal, como de Justicia Municipal. Y no digamos del C. M. de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, o del Comité de Usuarios que elegimos hace poco más de un año. O de los habitués de la plaza.

No se trata de que el uso-abuso  en que se ha devenido con las pelotas, se imponga. Se trata de no perder el espíritu de laboratorio de cultura ciudadana y de confianza en la autoregulación de los sistemas y la participación activa en los compromisos, tras una evaluación adecuada.
Que una autoridad, o mejor, que un modo autoritario  -no lo llamaré paternal para no decir mal de un ejercicio paterno que, fuera del estereotipo cultural, en el que creo-, por proteger a otros a quienes considera afectados, sale del espacio presumido del “aquí no hay ley”, al otro extremo, desconociendo a otros representantes de esa gestión, no puede menos que preocupar en términos del ejercicio de la democracia.
Otra instancia, asoma un juego controlado -cuando yo diga, si vale-. Desde allí, validado el poder, que tiene recursos y ofrece estímulos y organización, se plantean jornadas deportivas especiales. Y fuera de ese marco, ¿no hay organización posible? ¿Nos manejamos solo en el modelo de acatar  órdenes?
En la cotidianidad, hay espacios de conflicto de intereses: en un cruce de vías, con sendos semáforos, cruzamos por los rayados y a veces nos embiste un carro. Pensamos indignados que viola nuestro derecho y perdemos de vista que el semáforo le indica también su posibilidad de cruce. La flexibilidad y la negociación pasan por conocer y validar el derecho del otro. Veremos la actitud del nuevo cafetín Provenzal.

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