viernes, 28 de marzo de 2014

1a. quincena Diciembre 2011


Anécdota sobre un niño en la comunidad.

Un cuento prenavideño.

Paseando en Chacao, atraído por la propuesta de la Ruta Gastronómica, fui a dar a un modesto restaurant, donde me sorprendió un pequeño que no llega a los tres años con un cúmulo de toques de desparpajo y afecto.
Libaba con gente querida y con mi hijo de doce años, cuando se me presentó una criatura con huevito sancochado entre sus manos con gestos de requerir ayuda para continuar golpeando la cascara de su trofeo. Sin mediar palabras y al ver mi actitud de disponibilidad, trepó a mis piernas y aceptó la idea de colocar la pieza en un plato e iniciar un exitoso descascaramiento. La juerga recién comenzaba con una nueva oferta de mi parte, la de incluir la sal como aderezo. Súbitamente, tras comentarle lo de carita de sueño que apreciaba,  tras culminar la engullida, me hizo un mohino y se mudó de regazo: la fémina mullida de enfrente fue una certera escogencia de bienestar por si acaso realmente llegaba el sueño. Mi hijo soltó su necesario gesto de rodearme con su brazo. Ahora la presa era su madre. Seguía con admiración el acontecimiento.
El parpadeo que auguraba un final predecible tuvo un primer momento encantador. Surgió un ser de su historia personal: un tío, el niño saltó y supo asirse cerrando un continente de brazos y piernas hasta donde le fue posible. Volvió al regazo femenino y nuevamente nos sorprende cuando divisa a Emilio Graterón y grita: el alcalde (menos de 3 años, dije) y repitió el gesto de trepar en busca de un continente afectivo conocido.  Recorrieron ambos su ritual afectivo.
En el interín fueron apareciendo otro tío, su madre, supimos también de la presencia del abuelo. Luego vendrían algunos músicos y su baile no se  hizo esperar.Otra incursión lo llevó hasta una batería, mas no fue fácil que soltara las baquetas, sólo con la oferta de continuar la fiesta en la próxima esquina, lo cual obviamente no se dio.
El forcejeo por nuestra copa fue una negociación posible y cuidada. Una vez obtenida, buscó otro líquido que él deseaba.
El niño de la historia que se extravió en el templo, mostraba de seguro ese talante y los adultos que le acompañaban sabrían de seguro la bondad de abrirle esas ventanas a la vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario