1a. quincena Febrero 2012
Reflexiones psicosociales 3: En torno a la Educación.
La educación: un compromiso.
Abre un nuevo
año, con sus esperanzas y sus temores. Digamos, con las esperanzas y temores
con los que decidimos arroparnos, …que hacemos nuestros, …que construimos.
En tiempos de
incertidumbre, una voz, cual faro, se alza para brindar luces. Fue la de la
Conferencia Episcopal Venezolana. En su mensaje, fueron señalados algunos
aspectos a atender, entre los cuales atrajo mi atención el marcaje como
necesidad urgente, la orientación y calidad de la educación.
Bien sabemos
que la educación no es solo asunto de aulas. Educadores somos todos, ya que con
nuestro desenvolvimiento, estamos en permanente interafectación. Por lo tanto,
modelando, incidiendo en valores, entusiasmando, reflejando lo deseable. Ese mensaje centrado en la educación, aspecto
tan nuclear que no hemos de descuidar, es parte de nuestra responsabilidad.
Vale decir, nuestra habilidad de respuesta. Entrelazando parte de otros
contenidos del discurso apreciamos que es por ello, que la indiferencia y la
pasividad estarán un tanto fuera de tono con el ejercicio de nuestra
ciudadanía, entendida desde allí nuestra inevitable acción educadora.
Y como escuché
recientemente a una maestra de la vida - la mamá de mi hijo- en una conversa
ajena: “yo no tengo por que pretender convencer al otro de mis convicciones
políticas”. Respeto, convergencia en el desarrollo humano, compromiso en servir
a la causa de la paz y la unión, es deseable que estén en nuestro proyecto de
vida de este año. Con la certeza de que con nuestra acción impecable, podemos
invitar al que está cerca; en la familia, en el espacio laboral o de estudio,
en la comunidad, a hacer lo propio.
Hago mía la
bendición de vivir este año signado por la libertad, solidaridad, fraternidad y
paz, y sumamos la convicción de vivir
con fortaleza y creatividad nuestro papel en la defensa de los derechos
humanos, particularmente los atinentes a la vida y a la defensa de la familia.
Generemos
iniciativas para propiciar el encuentro,
liberados de los lugares comunes, condicionamientos de obediencia y
sumisión. Hagamos conciencia de ello. Más que tolerantes, cultivemos nuestro
amor para aceptar al diferente. Crezcámonos allí.
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