2a. quincena Mayo 2011
Crónica 12 plaza LPG: Otra anécdota del juego social infantil que se genera.
Las cuatro esquinas.
Me dio por jugar a observar la
plaza bienamada de LPG, desde cuatro costados, el sábado 7 a las 7 p.m.. ¡Un deleite
para la mirada posible!. Sentado en la escalera, cercana a la calle del
Excelsior Gama, tengo una dimensión: un
fútbol donde la pelota mengua. También un joven remata hacia el lateral
encajonado, una pelota que a nadie impactará, -si es que el golpe rabioso no
fuese un impacto ya-.
Desde allí comienza la mixtura: canes, chiquitos y chiquitas que no se
amilanan para prodigar sus caricias (calculo y marco la proporción: es como si
yo estuviese acariciando a un caballo). Viandantes con su paso calmo.
El ángulo segundo toma las alturas,
es el cercano a la biblioteca. Desde el banco, al extremo, es sólo
futbol virtuoso el imán posible, sólo seis, como conviene, uno de ellos
descalzo, en el fragor de su juego de cálculos milimétricos hay tiempo para
señalar y esperar el paso de una niña que lleva otro cuento en su andar. Así ha
de ser, difícil, pero posible. Algún paseante de perro solitario y solidario
hace más de un pase, de buena gana, y corta la ruta hacia el inminente espejo
de agua.
Ahora me planto en la esquina cercana al reloj. Unos adolescentes conversan. No se inmutan por mi
posicionamiento. A su lado, les veo compartir desde esa horrible maña del
maltrato gratuito: formas torpes de mostrar amor y deseo. El caso es que
parecen infringir castigo a uno de ellos por haberse dejado robar un celular
por otros iguales que le vieron la oreja blanca. El heroísmo posible de la
carrera de huida surge en los comentarios. Hay tan malas experiencias desde
allí… La interacción intergeneracional y el cambio de foco se hacen presente
ante una niñita que literalmente arrastra un perro de esos que son unas motas
blancas. Observo a siete de ellos en el campo visual inmediato.
Me mudo y me voy al costado cercano a los chorritos. Lugar fresco -a
veces de más- por la humedad, donde aun no se ve el movimiento de intercambio
de barajitas que mi hijo ya buscaba.. Los usuarios de los bancos se hacen habituales
y familiares, espacio siempre más nutrido que el anfiteatro, con sus altos
escalones, también con su público habitué. El deslizamiento por el “tobogán”
mantiene su constante presencia, con mayor o menor supervisión por parte de
quienes corresponde (del otro lado, el anuncio del estacionamiento aun espera
por un reforzamiento de cuerdas en ambos extremos, puede ser otro deslizamiento
peligroso, con responsables que nada les cuesta dar una miradita y actuar).
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