2a. quincena Agosto 2011
Crónica 14 plaza LPG: Iniciativas de recreación facilitadas por adultos.
Recreando lo posible.
Y la sorpresa de una pelota de eje invisible tomo el centro de la plaza LPG
y los niños, cual enjambre, cambiaban la dirección del goce de su carrera,
buscando la cercanía de aquel cuerpo volador.
No hubo alcaldía ni Comité de Usuarios que programara la actividad, fue
el sentido de bondad que viene acompañando a un vecino, un abuelo habitué, el
mismo de los barquitos creativos en el espejo de agua.
Un riesgo calculado: una pelota mórbida, una altura calculada sobre las
cabezas, un empaste de teipes para poderla retirar oportunamente, y así retomar
la faena lúdica en otra ocasión, con la posibilidad incluida de no acabar la
fiesta en forma abrupta. El sustituto de la botella plástica permitió relentar
las ganas.
Y los adultos que también andamos con nuestro “ludus vitalis” encima,
los mismos que ayudamos a sacar pelotas del espejo de agua con cordeles,
correas o batiendo las aguas, y nuevos participantes bienvenidos, sabíamos que
no sólo estábamos allí para desenredar algún hilo que llevase a la pelota a dar
volteretas sobre tubos o columnas, como huyendo, tomando pausa. Esperábamos los
acercamientos de altura y disfrutábamos del momento de participar también,
sobre todo haciendo de héroes de con tino certero que volviera la oportunidad de liberar la pelota detenida, trayendo con ello
de nuevo la acción que generaría alegría colectiva.
Otro día también amaneció la propuesta de las siempre atractivas tomas
de la Caracas
cenital, en varios paneles para el goce de los viandantes. La locación,
prevista hasta el 31 de Agosto, era todo un desafío para los habituales usos de
las rejas, como arquerías que hacían fondo a este improvisado espacio
expositivo. En el ensayo se pudo ver algún niñito que, como quien pasa con un
palito descubriendo la musicalidad de una reja, gozaba de un bamboleo fácil de
los paneles que era capaz de producir. Las guayas soportaron en la medida en
que estuvieron suficientemente apretadas. También, como vecino, me ocupe en
ocasiones del mantenimiento. Lamenté no hacerlo con tiempo con un panel que
largó la tensión de la tela que nunca nadie volvió a fijar, tras la caída de
espaldas de un muchacho. Las pelotas que más golpearon las telas fueron las de
los más chiquitos, los grandes supieron transigir con los cambios y adaptarse.
El constreñimiento de los espacios del consabido futbol llevó a negociar con
más frecuencia a las poblaciones habitué. Sorprende la decisión, en tiempos de
vacaciones y el colocar las cosas y no ocuparse más de ellas.
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