lunes, 24 de marzo de 2014

2a. quincena Agosto 2011


Crónica 14 plaza LPG: Iniciativas de recreación facilitadas por adultos.

Recreando lo posible.


Y la sorpresa de una pelota de eje invisible tomo el centro de la plaza LPG y los niños, cual enjambre, cambiaban la dirección del goce de su carrera, buscando la cercanía de aquel cuerpo volador.
No hubo alcaldía ni Comité de Usuarios que programara la actividad, fue el sentido de bondad que viene acompañando a un vecino, un abuelo habitué, el mismo de los barquitos creativos en el espejo de agua.
Un riesgo calculado: una pelota mórbida, una altura calculada sobre las cabezas, un empaste de teipes para poderla retirar oportunamente, y así retomar la faena lúdica en otra ocasión, con la posibilidad incluida de no acabar la fiesta en forma abrupta. El sustituto de la botella plástica permitió relentar las ganas.
Y los adultos que también andamos con nuestro “ludus vitalis” encima, los mismos que ayudamos a sacar pelotas del espejo de agua con cordeles, correas o batiendo las aguas, y nuevos participantes bienvenidos, sabíamos que no sólo estábamos allí para desenredar algún hilo que llevase a la pelota a dar volteretas sobre tubos o columnas, como huyendo, tomando pausa. Esperábamos los acercamientos de altura y disfrutábamos del momento de participar también, sobre todo haciendo de héroes de con tino certero que volviera la oportunidad de  liberar la pelota detenida, trayendo con ello de nuevo la acción que generaría alegría colectiva.
Otro día también amaneció la propuesta de las siempre atractivas tomas de la Caracas cenital, en varios paneles para el goce de los viandantes. La locación, prevista hasta el 31 de Agosto, era todo un desafío para los habituales usos de las rejas, como arquerías que hacían fondo a este improvisado espacio expositivo. En el ensayo se pudo ver algún niñito que, como quien pasa con un palito descubriendo la musicalidad de una reja, gozaba de un bamboleo fácil de los paneles que era capaz de producir. Las guayas soportaron en la medida en que estuvieron suficientemente apretadas. También, como vecino, me ocupe en ocasiones del mantenimiento. Lamenté no hacerlo con tiempo con un panel que largó la tensión de la tela que nunca nadie volvió a fijar, tras la caída de espaldas de un muchacho. Las pelotas que más golpearon las telas fueron las de los más chiquitos, los grandes supieron transigir con los cambios y adaptarse. El constreñimiento de los espacios del consabido futbol llevó a negociar con más frecuencia a las poblaciones habitué. Sorprende la decisión, en tiempos de vacaciones y el colocar las cosas y no ocuparse más de ellas. 

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