miércoles, 26 de marzo de 2014

 Febrero 2013


Reflexiones psicosociales 10: Motivación y empeño.

Saber qué se quiere… Saber que se puede.

Nos invita la iglesia católica a ponernos en sintonía con la Fe. Desde el pasado noviembre hasta el próximo, nos han de insistir en ello.  Derivando del sentido de esa celebración, podemos celebrar la presencia de  esta virtud en nuestras vidas: en  el sendero de nuestra existencia, vamos descubriendo nuestro sino. Vocación, le llaman. Y de pronto nos encontramos con empeño y no menos entusiasmo, brindando nuestra dedicación a motivos de vida, eso que los psicólogos y educadores posicionan en nuestra cultura contemporánea como “Proyecto de Vida”.
Nuestras habilidades psicológicas y sociales: nuestra respons-habilidad (habilidad de respuesta), van manifestándose. Es al toparnos con dificultades cuando vemos aflorar nuestra determinación. Poco importa salirse del patrón del reforzamiento por premios y/o sanciones. O regodearse en un ego herido. Pa`lante es pa`lla.  Saber qué se quiere, saber que se puede.
Claro que queremos encontrar resonancias con nuestros sueños. Cuando recibimos apoyo en el guiño solidario y salimos de nuestra apreciación quijotesca fortalecidos, nos descubrimos en la expresión de  nuestra integridad.
Como decía Kipling “si puedes enfrentarte con el triunfo y el desastre, y tratar de la misma manera a esos dos impostores”. Toca agradecer extrañamente, tanto a quienes nos facilitan como a quienes nos ponen trabas a nuestros propósitos.
Me resuenan las palabras del Dr. Jacinto Convit, en una de sus deleitosas declaraciones públicas –una de las últimas-: “Yo lo único que he hecho es tener una dedicación profunda” (a un claro motivo de vida, sin extravíos).
Buena falta que nos hace en el país retomar éste que debe ser el leitmotiv mayor  de la educación: contribuir a sacar de adentro de las personas su flama. Poner luz donde hay luz.  Es bueno atender nuestra estrella y no ser simples seguidores y repetidores. Para ello es pavorosa la obediencia ciega. Nunca está de más estar auto-orientado. Y colaborar solidariamente en  que otras personas consigan su estrella.
Siguiendo en el aporte cristiano, legó  Santa Teresa de Jesús,   un poema: “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa.   Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza”. Vive en tu claridad.

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