miércoles, 26 de marzo de 2014

1a. quincena Septiembre 2012


Reflexiones existenciales 5: Sobre el conservar y desechar 2.

El pichipichaje.

Dícese -sin diccionario mediante- de la condición caótica de muchas cositas acumuladas. La imagen es la caja de herramientas de un ferretero.  Los que disfrutamos la magia de las quincallas, tomamos algo de ese gusto por las cosas diversas y su modo de estar presentes, cautivándonos. Ese arte de prenderse de cosas nimias sumado a una conciencia ecológica conservacionista. Más bien en la conciencia de potenciar aquello del reutilizar (utilizar de nuevo) y reciclar (utilizar con un fin diferente al originalmente concebido) a mi, en lo personal  -y presumo que a unos cuantas personas, motivo que inspira esta crónica- me sume en un conflicto con el tiempo (y cuando me ocuparé de ello) y el espacio (y ¿dónde lo guardo? Y su contrapartida: ¿dónde lo puse?).
Alguna vez leí un escrito que describía como “el rancho”, aquel espacio donde cualquiera de nosotros va arrumando objetos de  los que no quiere desprenderse, pero tampoco pretende utilizar en forma inmediata. Ese no es mi caso –lo que no quiere decir que no sea mi “rancho”-. Es más bien una especie de constante desafío por saberme capaz de organizar de un modo eficiente y oportuno, alimentado de la idea de querer compartir… o de querer crear… en el mejor animo manualista. Honro a los minimalistas, más no es ese mi sino. Es un placer ver que las cosas se muevan a un destino celebrado, agradecido. Es placentero también descubrir usos posibles, insospechados.
Caso aparte son los papelitos; facturas, notas, teléfonos y direcciones electrónicas… hay que disponer definitivamente un tiempo regular para que cada uno de esos esté en donde corresponda, claro, hasta en la papelera. Para mi un papel bond rechazado, tiene futuro de avión o de origami  y seguro encuentran su momento de gloria.
Contenedores diversos parecen llamados a hacer la magia… hacen algo de ello… ocultar.
Llega un momento en que la diversidad me abruma. Más siempre me regocija.
Libros, bolsas, periódicos, revistas… van encontrando sus nuevos portales. Y no es la papelera la primera, ni la segunda instancia. Pero en el interín, pueden llegar a abrumar.  He soñado, más de una vez, con un centro de reciclaje para la recreación. De algún modo, lo hago día a día. 

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