2a. quincena Marzo 2011
Honrando a personajes 1: José María Vargas (prócer y universitario cabal).
Leamos historia, pues. |
Quiero hacer un alto en la temática habitual que compartimos
en este espacio: ciudadanía activa en la plaza de Los Palos Grandes, para
honrar a un hombre que forma parte del legado de los seres que pueblan lo mejor
de nuestra nacionalidad. Nos hacemos eco de un justo reclamo airado, de la
exclusión de este padre del ejercicio noble de la civilidad, al menos, en lo
más visible y no menos importante, su exclusión del calendario escolar oficial,
ya hace algunos años. Estamos hablando del Dr. José María Vargas.
De él sabemos su condición de médico, que estuvo en las entrañas de la Universidad
de Caracas, nuestra amada UCV de hoy, también de su estreno fugaz de la primera
Presidencia del período republicano.
Me topé con el libro escrito por otro ser de luz del
quehacer democrático venezolano: Andrés Eloy Blanco, titulado: “Vargas, albacea
de la angustia”, que recibió un premio panamericano en 1942.
Un hombre a quien el Libertador le solicitó encargarse de su
testamento, que condujo sus restos varios años después de su muerte, que no
estuvo lejos de sus luchas y que emprendió las suyas propias, con una entereza
que bien nos viene como modelo.
Un hombre que hizo de la Universidad, tras haberse nutrido
de las mejores mentes de la ciencia de su época, un espacio con notables
transformaciones, un sitio digno, partiendo del empeño en dotarla de fondos
propios, de base económica. A él la entregó visionario, Simón Bolívar,
derogando viejas constituciones universitarias.
Un hombre que en su mezcla de humildad y sabiduría supo
sortear tanto a Páez como a Carujo. En su legado retumba un acendrado
antimilitarismo y un profundo conocimiento de la patria naciente y sus
conveniencias.
Como todo ser sensible, no pudo menos que enconarse ante la
necesidad de la educación desde sus niveles más básicos, haciendo, incluso,
esfuerzos concretos para que la educación, la verdadera educación, iluminase a
los cuarteles. Grandes esfuerzos hizo para alertar contra el caudillismo y
contra el madrugonazo de militares, jefes de reformas, amparados en palabras
altisonantes.
Supo de su destino, ante la celada del ofrecimiento de la
Presidencia de la naciente República, mas no abandonó su presencia en el
quehacer que le tocó afrontar.
Los médicos y médicas venezolanas saben de sus consejas,
puntuales, precisas. Saben de su buen ejemplo.
Estuvo claro en que: ignorancia es coloniaje y fue un adalid
del respeto a los fueros del pensamiento humano.
Vargas en nosotros: una hora de vigencia imprescriptible.
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