lunes, 24 de marzo de 2014

1a. quincena Agosto 2011


Honrando a personajes 3 y 4: William Niño y a Abilio Padrón (arquitecto urbanista y maestro de la pintura).

Niño y el maestro Abilio.

“Trabajo, trabajo y más trabajo para tener patria”, nos indicaba a su tiempo el iluminado Simón Bolívar. Y acá en su terruño, muchos no paramos. Mas no se trata de gestas heroicas, las que algunos seres llevamos a cabo, día a día, piedra a piedra, como decía un canto dedicado a la obra del bueno de Asís.
William Niño, arrebatado del amor a su, nuestra Caracas, hace poco menos de un año, honrado en  un rinconcito de la biblioteca de Los Palos Grandes, nos brinda con su sello “ex libris” la posibilidad de curiosear y recibir el regalo de conocer obras en las cuales participó de alma, vida y corazón, desde la Fundación Galería de Arte Nacional, la Fundación para la Cultura Urbana, la Fundación Corp Group, Centro Cultural;  o asesorando trabajos para el Fondo Editorial Fundarte, Fundación Teresa Carreño, Fundación Cultural Chacao, Alcaldía Metropolitana y algún editor privado.
Allí está reflejada su honra a los maestros Wallis, Domínguez, Guinand, Villanueva, Sanabria; su mirada curiosa a las estatuas de Caracas, parques y jardines de Venezuela,  el  reflejo del espíritu moderno en nuestra historia arquitectónica, una amplia reseña de la fotografía urbana, en 392 pp. Y la visión de cóndor o águila, visión cenital, de Caracas, Valencia y Maracaibo y recientes  contribuciones a la visión de Baruta  y Los Teques. Y para dejarnos más, junto a la Exxon Mobil de Venezuela, se aventuró a una visión de Caracas desde 1567 hasta el 2030.
Abilio Padrón, con largos años creando, se nos ofrece en la galería Dimaca (a dos cuadras de la plaza LPG) hasta el 14 de Agosto. Allí están su maestría en el uso del color, sus difuminados, sus equilibrios y separaciones, su manejo de la luz, sus trazos, texturas,  formas juguetonas, figuras extrañas y familiares, símbolos de vida y cultura, guiños para la adivinación con mirada de niño. Ineludibles la alegría y la sorpresa que convoca, enriquecida ahora en su exploración calidoscópica, involucrándonos en la creación del espacio posible de mirar, poniéndonos en movimiento con claros ejes y expansiones posibles. Para crear visiones mágicas, fantásticas, empujándonos a la apertura mental, emocional y espiritual. Dirá él: “así es la vida, no la he inventado yo”.
Cómo me encantaría llevar a un grupo de niños y niñas  en edad preescolar a jugar con sus íconos, a hacerle propuestas creativas al maestro. A transponer colores, composiciones.  A esos que no hay vacacional que los acoja.
Honremos a los creadores acercándonos a disfrutar su ofrenda.

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