lunes, 24 de marzo de 2014

1a. quincena Octubre 2011


Crónica 17 plaza LPG: Retomando el sentido social de la plaza, a propósito de la cultura ciudadana.


La Plaza es mi patio.


“La plaza es mi patio”. Frase “tu cu tu” escuchada a mi hijo. Yo, que vengo en serias reflexiones desde hace más de 3 décadas sobre la adolescencia de espacios públicos en nuestra ciudad para la recreación y de la necesidad de alternativas para la socialización. Yo, que tuve la fortuna de jugar en la calle consuetudinariamente, de hacer amigos, de aprender a resolver conflictos más allá de las bravuconadas o trompadas en el juego, de tanto jugar. Los que me leen podrán quizá saber cuántas metras rodaron en nuestros cercanos y disponibles espacios al frente de nuestras casas o en los entornos escolares o comunitarios. Y cuánto curtieron nuestro ser social. De cómo “el escondite” no fue secreto para romances o para fomentar lazos sociales trascendentes. Y cómo los postes mantenían su resonancia de campanas liberadoras por todos, con el fondo de las luces mortecinas del comienzo de la noche popular. O cómo el Stop era mucho más que una palabra en inglés. Cultura infantil.
En ocasiones festivas comunitarias en las cuales nos tomaban en cuenta, por ejemplo, en el Domingo de Resurrección, unos sacos u otros divertimentos competitivos, acercaban a diferentes grupos de edades.
La plaza de Los Palos Grandes ha venido siendo una ventana donde ese importante y poco valorado espacio de aprendizaje social de derechos y deberes entre iguales que es el Juego, ha venido teniendo lugar. Allí también hemos visto mezclarse jóvenes, adultos y niños.
La plaza se ha consensuado como un laboratorio de cultura ciudadana. La norma que prohíbe la pelota de futbol en la plaza asombra y pisotea ese germen de la vida social lo que podría echar al traste lo que las fuerzas vivas expresan. Si bien el compromiso de recrear tradiciones, consciente de su valor, es una tarea que sabremos emprender, no podemos cegarnos a lo que a toda prueba los mismos muchachos y muchachas canalizan. No se trata de sustituir sino de crear opciones, con respeto, con encanto, sin amenazas ni manipulaciones. Es más, proponiendo en forma entusiasta formas para que la trama familiar se vea beneficiada. Para que se extienda el ejercicio democrático y la obediencia no sea la única salida a contemplar. Contemplar, si. La acción tiene su coherencia interna y si es compartida por un grupo, es fuerza a considerar. Hoy podemos, gracias a La Plaza de Los Palos Grandes, en lugar de mandar a los muchachos “a ver si el gallo puso”, orientarlos hacia el ejercicio de la ciudadanía. Mientras más jueguen, más y mejor lo sabrán.

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