1a. quincena Febrero 2011
Crónica 7 plaza LPG: Reporte de deterioros y usos inadecuados.
¿A quién le duele?
Tenemos, sí, una plaza. Y la vamos perdiendo, de a
poquito: en el mosaico que cae, en la losa del piso que, partida, nos muestra
una facia desdentada y peligrosa para
desprevenidos; en la basura rebosante
-más allá de su límite- de las papeleras simpáticas, blanco fácil para un
“medalaganismo” negativo (usarla de blanco para un chute rabioso); en las altas
lámpara que bailotean, en las lámparas
de jardín que hubo quien las quiso convertir en asiento (”el otro día me caí y
me iba clavando el tubo ese” dice un niño que caminaba por los bordes del
espejo de agua); en el “meadero” de la esquina, en la entrada de la biblioteca.
(Y ¿cómo es que si está disponible un
baño, no se usa ni se sabe de su existencia?).
Y si bien hay
deterioros que lesionan claramente, no lo son menos el pringoso almizcle de los
perros que dejan huella en las columnas que tendrán quien les siga, en buena
conducta animal.
Capítulo aparte es la
basura cotidiana: habla del desamor con el que se anda en la vida, por las
cosas y las personas.
Ese papel ciego no lo
pueden jugar las instancias oficiales. Hay riesgos en los espacios. Supe de un
niño con más de 10 puntos de sutura por
caer de rodillas en una de las rejas con filos cortantes, del mismo tipo de la
que se encuentra cerca de los chorros interactivos. ¿Será que toca resarcir
daños? Aun no se definen las competencias del Comité de Usuarios de la Plaza y de otros espacios
públicos, en la espera, hay acciones en el limbo. Personalmente me tomé la
libertad de reparar una lámpara desvencijada, tan simple como volver a montar
unos tornillos de corto alcance. La porosidad de los escalones y el exceso de
lluvia aunado a un pegamento deficiente pudo haber contribuido a la rotura del
escalón.
Hice gala también del
“medalaganismo” bueno el 2 de Enero,
entrando a librar al espejo de agua de tanta huella de petardo, no entendía
cómo es que habían llegado hasta allí, con tanta dimensión expansiva de plaza
que tenemos. Sabía inevitable que sería una presencia en Año Nuevo, mas no su
destino. Es de esperar que los empleados de limpieza hicieran su aparición
oportuna e intervinieran, quizá con el cartón-papel ya bastante destruido y la
pólvora diseminada. Hoy los chorritos traerán también su añadido explosivo, mas
no llega a iluminar la conciencia.
Si perdemos el tono,
quienes están habituados a malos hábitos impondrán el modo en que se acabe la
magia.
Compro la idea del
“vigía”, del que está presente, hace bien y llama la atención. Hace falta más.
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